miércoles, 22 de noviembre de 2017

Capítulo 136 "Desamparo"

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El cuadro está pintado en tres creo que se llaman bastidores. Lo miro un momento ¿Cuál de todas esas estrellas será ella?, pienso y me río. Van Gogh es la casualidad que hace que una crea en la magia por un rato. Miro a mi alrededor. Su enorme cama todavía sin hacer, indicio de día ajetreado o de que es una despatarrada como yo. Ropa, sandalias, papeles, hebillas para el pelo, un pequeño equipo de música, boleto del Ave. Ventanas y más ventanas hacen que casi no sea necesario encender la luz. Miro a través de una de ellas, allá enfrente, imponente, Mi Giralda.

Entra a la pieza, rebusca en unos papeles que hay sobre la mesa ovalada, agarra algunos. Disculpa, me dice ya saliendo, escucho que sube rápidamente las escaleras. La panza me hace un ruido bárbaro. Afuera truena de nuevo. Suspiro. No sé qué hacer. ¿Cierro las ventanas? Tengo un whatsapp de la señora que cuida a mi mare hace rato pero no quiero abrirlo. Tiemblo cada vez que me manda. Dejo mi ipad sobre la mesa. Chusmeo un papelito garabateado creo que por ella en birome: “El mundo es un tornado de mierda en donde el arte es nuestro único paraguas”. Me río, me lo guardo en el bolsillo del jean.


Entreabro una puerta de madera y ya sé que no está bien andar curioseando la casa ajena pero me dejo llevar, a estas altas alturas del relato si algo sé es que nunca se sabe. Entro y busco la perilla de luz. La escucho entrando nuevamente a la pieza, me da un vuelco el corazón, como si fuera una delincuente retrocedo sobre mis pasos. La miro haciéndome la boluda pero no hace falta ninguna actuación. Ella no me presta atención, se ha sentado en la cama, cabeza gacha apoyada sobre sus manos, dejó los papeles y el teléfono a un lado; y así se queda, mirando el piso, quieta, vencida, con aire de humillación y desamparo.

Continuará...

lunes, 20 de noviembre de 2017

Capítulo 135 "Bésame mucho"

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Se queda mirándome largos segundos. Me tiembla el cuerpo pero creo que no se nota. A lo lejos un trueno condimenta la escena. Pasa una pareja caminando de la mano, discuten sobre algo estúpido que es sobre lo que suele discutir la gente, nos miran un momento en silencio y vuelven a lo suyo. No sé si está por reírse, llorar, insultarme, besarme o-- Pasa, me invita de manera cortés. Cierra la puerta sin hacer ruido. Recuerdo la noticia del diario de chismes ABC escrita por la pobre (anti) periodista Beatriz Cortázar, si por ella fuera este palacete estaría vendido hace año y monedas… Y pobre usted que le creyó, y pobre que lo retuiteó, y pobre el loco que casi se mata luego gracias a ella y a usted…

La sigo escaleras arriba, el silencio en la colina es sepulcral. Me parece mentira estar de nuevo acá. El ascensor en dónde me di cuenta de que él es apenas poco más alto que yo; a la derecha el cuarto repleto de videos en VHS en dónde cavilamos con ella cómo hacer para que ese material de oro no se perdiera… Puertas, pasillos, misterio… Llegamos al primer piso, ahora se escucha una televisión encendida escaleras arriba. Con una seña me pide que la siga. Pasamos por una enorme cocina, coge una fruta si te apetece, me susurra mientras va marcando su teléfono móvil nuevamente, evidentemente anda con líos y yo jodiendo, como siempre. Agarro una banana chiquita y sintiéndome una abusadora serial también una manzana roja y es que hoy no comí, recuerdo... Entre preparar la charla Quinteriana, la mujer que cuida a mi mare y sus vicisitudes, mi tía y que qué le dice al plomero que cambió el caño y no pasó a cobrar antes de que yo me venga… Quilombos made in Argentina y mis ovarios al plato, se llamará la road movie.


Me indica entre señas que entre a la pieza, ella se queda afuera hablando por su teléfono. Y ahí es que la veo: apoyada contra el gran sofá, La noche estrellada. (Sigue)

Continuará...


domingo, 19 de noviembre de 2017

Capítulo 134 "La noche acosada"

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Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste, decía Quiroga pero claro, acá mis muchachos tienen autonomía, tienen nombre, apellido y están anotados en el registro civil, tienen gustos y reacciones propias y eso es lo atractivo y espeluznante del asunto, un poco puedo persuadirlos a dar los giros que a mi relato le convienen pero no siempre acceden, por suerte, porque así me desconciertan y me llevan a lugares inimaginables:

Sigo parada frente a la colina, como hace dos años. En medio pasaron un montón de cosas y no puedo pretender que nada cambió como usted pretende después de media vida con su gordo panzas que le diga piropos al igual que el primer día… Imposible, vieja, a menos que quiera que su gordo termine pagando la multa porque ahora los piropos serán penados por la ley. El gordo le dice algo que usted considera medio cochino y se quedan los dos sin vacaciones en Santa Teresita (siguen queriendo reglamentar el instinto).

Y fíjese que si a mi se me ocurriera denunciar en la red social al famoso del que hablé en el  capítulo 119 porque “me forzó” a hacer lo que hice se arma un escándalo bárbaro, lxs defiendevíctimes se pondrían de mi lado sin averiguar absolutamente nada y yo en el fondo sabría que es mentira, que es porque me dejó y porque la última noche me hizo tragar una película de Bin Laden aburridísima y entonces me vengo así porque estoy loca pero además soy mala (el mundo es una comedia en la que muere gente).


¿Qué hace todavía aquí fuera?, se asoma ella por la puerta, tiene papeles bajo el brazo, manzana mordida en una mano y teléfono en la otra. ¿Te encuentra bien? Anda, entra, venga… Esperá, la tomo firmemente de la mano. Imaginate que quitás las estrellas de La noche estrellada de Van Gogh. Me mira desconcertada. El cuadro no sería el mismo, las estrellas estaban ahí, él solamente las bajó a la tela y yo hice lo mismo, vine a escribir el paisaje que me encontraba y vos estabas… y resulta que sos la estrella más atractiva. Al segundo de haber dicho lo dicho me arrepiento, pero ya es tarde. Miro el cielo, está completamente encapotado.(Sigue)

Continuará...

sábado, 18 de noviembre de 2017

Capitulo 133 "Tacones cercanos"

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Baja del auto y abre la puerta del garaje, todavía el mismo graffiti pintado: “OBDC”. Lo mete adentro, detrás de una camionetita blanca clava el freno de mano. Bajo y cierro despacio, como no queriendo levantar la perdiz pero el auto es viejo y la bisagra chilla que da calambre. Agarra del piso una caja de cartón que hace ruido de botellas. Intenta agarrar algo del auto pero no puede con todo, vuelve a ponerse nerviosa, me pide que la ayude. Agarro un pequeño bolso y la carpeta negra. Cierra el portón. Damos vuelta a la esquina, no hay un alma en la calle, lo único que se oye es el ruido de sus tacos, tacones cercanos.

Y cuanto más lejos vamos más única, más personal se vuelve la vida, le leí una vez creo que a Rilke. La obra de arte es la expresión necesaria de esa realidad singular, decía el tipo, y para eso tenemos que entregamos a lo que venga pero no pronunciar palabra sobre el procedimiento creativo porque nadie entendería la chifladura que nos es propia. Así que hoy dejo de intentar que comprendan por qué le tengo tanto apego a este blog aquellos escritores que se quedan en la orilla, en la superficie, que opinan sobre la libertad desde la segura cárcel de su living con vistas a la sierra madrileña, que se sienten héroes mandando a sus personajes a la Europa turbulenta de los años treinta y creen que eso es mezclar realidad con ficción; y vuelvo al grano:


Frente a la puerta del templo me agarran unos nervios bárbaros, como debe ser. Supongo que adentro nos espera el señor de las preguntas y tendrá alguna cuestión que hablar conmigo, que espero no sea de calumnias, injurias y todo lo que diga puede ser usado en mi contra. Ella busca la llave en su cartera, no la encuentra, se ofusca de nuevo, me encaja la caja, espío lo que tiene adentro: aceite de oliva. Te pido disculpas… le digo en este inoportuno momento, miro la cerradura que insiste en caldearle la paciencia, no sabía que podía perjudicarte, perjudicarlos... Ella deja de mover la llave. Ya, responde secamente, pero te he pedido que deje de escribí y tú ha seguido adelante, mira... La cerradura cede, la puerta se abre, entra ella al laberinto borgiano. (sigue)

Continuará...

jueves, 16 de noviembre de 2017

Capitulo 132 "Carajo"

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Y a veces lloro cuando descanso en mi cama, sólo para sacar todo lo que está en mi cabeza, y me siento algo rara, canta Linda Perry en la radio... ¡Qué tema del carajo! Ella mueve la cabeza acompañando el ritmo, casi imperceptiblemente. Tiene la vista fija en el camino, las manos firmes en el volante, su pelo todavía recogido, le caen algunos mechones rubios por detrás de la oreja. El episodio de mi madre quedó atrás, por ahora, es lo que tienen las buenas compañías, hacen de la vida algo menos espantoso (y las malas ni le cuento). Doy otra pitada a lo que queda del cigarrillo y se lo paso, cigarrillo non santo. Ella agradece con un gesto de "cuando conduzco no, gracias". Abro la ventanilla y lo tiro, abanico el aire para que se vaya el humo.

Y ya sé que el relato se me está yendo al carajo que es a dónde debería irme yo pero es que ahora quiero saber, justamente, cómo carajo termina esta historieta. Y no es sino animándome a vivir y escribiéndolo luego que me voy enterando… Un suplicio, sí, pero hasta que no se deje ver el final no me voy a volver a casa. O hasta que aprenda a escribir; o a fumar marihuana, una de tres.


Yo tengo un amigo que se llama Cirilo, me dice de la nada. Las dos estamos algo bamboleantes por el efecto de la hierba mala. Ey, ey, ey, ey, ey, ¿qué está pasando?, canta jondamente la canción en la radio… Creo que andamos ya cerca del barrio Santa Cruz, deben ser las diez de la noche en Sevilla, el cielo se ha despejado. ¿Cirilo?, así se llama mi perro, respondo encuriosada. ¡Tu perro no verde jaja! (Hago una pausa perpleja) Mi perro… no verde, sí… Y es que claro, esta mujer se ha ido leyendo en el blog así que posiblemente sabe más ella de mi que yo misma; JA, pienso, la cazadora cazada, la escribidora escribida, la angustiadora angustiada. Detiene el auto frente a la colina, mi zona cero. Carajo. (Sigue)

Continuará...

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Capítulo 131 "Imbécil obsesión"

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Uno debería nacer con un botón que diga “no os molestéis, conozco la salida”, y cuando la cosa se pone peliaguda poder apretarlo y desaparecer para siempre, para toda la vida y que nadie sufra, que todo siga parecido porque uno no es importante y así son las cosas... vienen y van. Acaba de llegarme un whatsapp de mi madre, la señora que la cuida grabó su voz y me la mandó, no recordaba que estoy de viaje, ella está cada vez más desorientada y va a llegar el día que no me reconozca. Ya no puede hacer casi nada, le duele todo, camina cada vez menos… ¿La ciencia estira la vida por algo en particular o es solamente una imbécil obsesión?

Tengo todavía el teléfono de ella en la mano, Jesús la sigue llamando y yo estoy entre contestarle a mi madre, llevarle el móvil a ella o atender a Quintero y decirle que no moleste porque está de lo más inspirador este reencuentro a solas con su señora mujer. Dejo mi teléfono y le llevo a ella el suyo pero en el camino deja de sonar. Está sentada a la vera del río con sus pies en el agua, los mueve serenamente. Se recogió el pelo con una hebilla y la musculosa que lleva deja entrever su espalda larga, sus hombros bien definidos. Pareciera que se le pasó la angustia preguntona, la santa marihuana... Me descalzo y me siento a su lado, meto mis pies en el Guadalquivir. La luna ahora está en lo más alto del cielo, la música de boliche sigue sonando, se escuchan cada tanto algunas carcajadas histéricas, borrachas, idiotas...

Y me da por llorar. Me mira con sorpresa. El teléfono vuelve a sonar en mi mano, se lo doy. ¿Y qué hace tú con mi móvil?, dice su mirada. Sale del agua y lo atiende, le cambia el ánimo en un segundo. Yo sigo llorando, lloro bajito para que nadie escuche porque el dolor es algo malo y dice Gancia que tenemos que ser todos felices. Pienso en cómo va a ser el mundo cuando mi mamá no esté… espantoso ¿cómo va a ser? Ella me sigue mirando mientras habla con el loco, se acerca, me pone una mano sobre la espalda. Me calmo, le sonrío. Y cada vez me siento peor por lo que le hice. Se despide de él después de discutir algún asunto, bastante ofuscada. ¿Qué tiene tú ahora?, pregunta. Niego con la cabeza ¿Qué te pasa a vos?, respondo virando la dirección. ¡Que no lo aguanto cuando se pone así, anda que!, me dice nerviosa mientras busca apurada sus cosas que habían quedado sobre el pasto, se calza las sandalias, me trae las mías. (Pausa larga) ¿Te viene conmigo? (Sigue)

Continuará...

martes, 14 de noviembre de 2017

Capítulo 130 "Desparpajo"

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Ella está ahora con la cabeza entre las manos, se ha descalzado, apoya las plantas de sus pies sobre el pasto apenas crecido. Creo que transita el momento "¿qué carajo hice de mi vida?", pero no estoy segura; posiblemente estoy proyectando. ¿Y si quiere saber qué pasó por qué no se lo pregunta a él? Saca de su cartera un cigarrillo de marihuana, lo enciende, da una pitada y me convida. Toso como una marrana, nunca pude aprender a fumar, soy mucho menos fiestera de lo que parezco. Doy otra pitada larga y se lo devuelvo. A lo lejos se escucha música, música de boliche, no estamos tan lejos de la cuidad como pensé. Estoy transpirando y no sé si es porque hace calor o por lo que acaba de preguntarme ella, la señora del señor de las preguntas.

¿Qué ha pasado entre vosotro?, repite ¿Te has enamorado de él? Me escandalizo ¿Eh? ¿Enamorado? ¡No! (Le miento porque ella no quiere la verdad, quiere que le diga lo que quiere que le diga) ¡No! ¡No, en serio que no! ¿Te ha llevado al huerto? (Pausa) ¿Al huerto? ¿A qué huerto? No, mujer, estuvimos en La Carbonería trabajando… Y en Almodovar del Río con Antonio Gala que yo te dije si querías venir pero vos no podías, ¿te acordás? No me responde, sigue mirando el río ¿Se le están poniendo vidriosos los ojos? ¿Se está por poner a llorar? ¡Está por llorar me parece! La puta mare que yo lo último que quería con todo esto es que alguien salga lastimado...


Me pasa el cigarro, se quita el abrigo, deja su echarpe, se arremanga los pantalones y enfila para el río. Baja por la orilla hacia el agua con desparpajo; la pierdo de vista. Escucho como mete sus pies en el agua. Suena su móvil en la cartera, tiene la melodía de Amelie ¿Estará enterado él de que tiene a esta mujer a su lado? Peco de entrometida, revuelvo en la cartera, miro el display: Jesús llamando. (Sigue)

Continuará...