sábado, 24 de febrero de 2018

Capítulo 209 "Melindre"

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Dejé que me pinte de nuevo
No ve, no ve que si no la veo no escribo ¡Dos días vacua, caucásica, sin ganas, marchita como el día! Le pedí mi teléfono al señor del bar, iba a llamarla ya, además era demasiado tiempo sentada por un sólo café de un euro. Sé que se levanta no antes de las diez y casi que ya eran. El sol afuera empezaba a calentar recién ahora, en invierno a él también le cuesta salirse de la cama. Pensé en otra cosa para dejar de llorar, iba a decir por mi mare pero cuando uno llora llora por uno. Me puse a pensar en otra cosa para matar unos minutos más, como si un minuto marcara alguna diferencia, y quizá sí, con el Loco en Nochevieja había sido una enormidad.

Pensé en El Portil, en el día que nos fuimos de aventuras con Ella a la playa nudista, me llevó ahí después de mi brote, de mi huida matutina en su bicicleta al centro de Punta Umbría. Me la paso huyendo, sí, cuando era joven salía todo el tiempo con los “amigos de teatro” y tenía la manía de desaparecer. En medio de la noche, en medio de la fiesta, del boliche, del varieté, Marina se iba sin saludar a nadie, se escurría por entre las sombras fantasmas que bailaban como robots neuróticos, esperaba el colectivo horas hasta que venía y así, con la eterna sensación de no encajar, tan melindrosa, llegaba a casa de su padre de madrugada, en donde tampoco encajaba.

Me pinta y me lleva a su cama y no me suelta y no la suelto
Yo estaba espantada, confusa, angumiada, en parte por tanto alcohol, tanta jarana, tanto desconche, obviamente a Ella no le había contado nada. Estaba asustada porque mi vida es lo opuesto a todo ese quilombo de periodistas borrachos y lujuriosos. Volví del centro de Punta Umbría por la tarde, decidida a irme para Sevilla. Cuando entré con su bicicleta a la colina Ella bajaba las escaleras, me miró y lo primero que pensé fue que se había enterado, alguien le contó, me dije, lo que pasó en su ausencia:

Era la Nochevieja, seguíamos los tres en la mesa, el Loco, Rocío y yo, Enrique se había retirado hacía rato y yo lo lamenté bastante porque nos intrigan los mismos misterios. Jugábamos a algo que si perdías tenías que tomarte el vaso entero. Esto es trillado, Marina, pensé mientras los observaba seduciéndose ya sin sutilezas, mi Loco protagonista en pedo linda lo patético, como la mayoría de nosotros, pero Él es una leyenda así que igual es atractivo. Esto es trillado ¡La típica escena pedorra en la que se ponen beodos y luego de ahí a la cama! ¡Virá la cosa pa otro lado ya! ¡YA! (Pausa amonada) ¿Y a tí te apetece?, me preguntó Él, borracho, con la voz patinosa, con esa mirá recia, seductora, legendaria. Hablaban de subir un rato a la habitación antes de que se hicieran las doce.

Continuará...

miércoles, 21 de febrero de 2018

Capítulo 208 "No me dejes sola"

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Me bajé del tren en Jerez, eran las 7:45 de la mañana, hacía un frío espantoso, tenía puesto el saco de lana de Ella, veinte euros en el bolsillo y trece eran para el boleto de vuelta. No le había avisado que venía porque salí como una loca de la colina, me agarró el impulso enfermo y no pude con él, tuve que decirle a Rocío que estaba tomando un remedio y tenía que ir a mi hostal, que no podía cortar el tratamiento. Entré al primer bar que encontré y le pedí al mozo si podía poner a cargar mi móvil, estaba casi muerto, si no no la iba a poder llamar a la Gitana, pedí un café de un euro. Me acordé de cómo había terminado la última vez que me dejé llevar por un impulso de estos. Curiosamente el tipo era evangelista, me reí sola cuando me acordé, el tipo era evangelista y había sido ladrón pero no ladrón de viejas pobretonas, ladrón de bancos, me aclaró la segunda vez que nos vimos, y yo me enamoré.

Lugano R
Hacía tres meses que salíamos, agarré el auto y me fui a su casa a las dos de la mañana, me había dicho que no quería verme más porque yo no iba a su iglesia y eso significaba que no lo daba todo por la relación bla bla bla, su casa quedaba en Lugano, una suerte de Bronx porteño. Me estaba esperando en la puerta, fuimos a una estación de servicio y hablamos, yo le prometí que iba a ir a su iglesia aunque sea para probar, eso me decía él, que probara y si no me gustaba, chau. Pero la cosa fue de mal en peor, el tipo cada vez más celoso, quería verme todos los días y si yo no quería era porque lo estaba engañando, inventaba que me había visto con otro, le echaba la culpa al diablo, de todo, que el diablo me había puesto en su camino, que sus celos eran culpa del diablo, que yo tenía al diablo adentro.

El enfermo en el templo aquel día
Habíamos pasado el día en una pileta de agua salada, yo dos por tres lloraba y él me consolaba como si no fuera el responsable. Me tenía podrida y cada vez más asustada porque era grandote, hijo de yugoslavos, así que fui a su mierda iglesia para que me deje de joder. Espanto. Era de los que se acercan al pastor y tiemblan y caen al piso. Después de la parafernalia esa me llevaron a un lugar atrás del escenario y una señora me rezó en un rincón, tenía que repetir lo que ella decía. Cuando volvíamos en el auto él me preguntó si había tartamudeado en alguna parte, supuse que convenía decir que no y entonces se alegró: ¡No tenes al diablo adentro!, me dijo el imbécil, yo para entonces había adelgazado diez kilos de los nervios, no sabía cómo sacármelo de encima. Y fue mi mare, la que ahora me tiene a maltraer, mi mare, a la que a veces le deseo la muerte y a veces le suplico que no se le ocurra dejarme sola en este mundo horroroso, ella fue la que se puso los pantalones, lo llamó, nos sentamos los tres en la mesa del comedor y le dijo que yo no quería verlo más. El tipo me miró, que me lo diga ella, dijo. Y yo me animé. Le abrimos la puerta y se fue. Años después lo volví a ver, me siguió con el auto. Me puse a llorar. Porque recordé eso de mi mare. Me puse a llorar en el bar. (Sigue)

Continuará...


martes, 20 de febrero de 2018

Capítulo 207 "Prohibido o imposible"

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Se acercó, me batió el pirincho que tenía de peinado, como dándome ánimo, y salió de la cocina, risueña, todavía con su café en la mano. No había podido hacer algo mejor con mi pelo porque me levanté de la cama volando y me estaba haciendo pis, además no daba más de cansancio, no me había dejado dormir, Ella, la Gitana fatale. La borrasca seguía dando la nota, quería ser la protagonista pero no iba a permitir que esto se convirtiera en un blog catástrofe, no señora, aunque las novedades en la tele hablaban de serios daños en muchas provincias de la península.

Yo había pedido disculpas por meterla a Ella en el blog, me había excusado con que la Gitana era el conflicto (el más hermoso del mundo) y no podía omitirla, además el artista es el artista y el fin justifica los medios ¿O no? Entonces Él, después de escucharme atento, con su gesto adusto pura pose que disimulaba el desconcierto, había descorrido la silla invitándome a sentar. Ella lo miró un rato esperando la palabra santa pero taaan largo fue el silencio del Loco que se pudrió, agarró sus lentes de leer, Ella también anda por los cuarenta, y se levantó. Todavía le dolía el tajito del pie, al apoyarlo hizo un gesto de dolor, Él preguntó qué le había pasado pero nadie dijo ni pío. Nos dejó solos. ¡Solos! Hacía cinco minutos estaba angumiada y a los gritos, queriendo saber qué había pasado entre Él y yo, si iba a hacer o no la película del blog con Toledo y Campanella, y ahora… ahora me pedía que no me vaya y me dejaba sola con su señor marido.

La escuché alejarse por la escalera. Él me pidió que la haga otro jugo y le trajera un bolso del cuarto de abajo, volvió a sus diarios, a subrayar cosas, me quedé esperando al pedo que diga algo más sobre el asunto. Y supongo que ya se dio cuenta con la cantidad exorbitante de pistas que le di que venimos del 155, vieja lenteja, nefasta, meditabunda. Intento rellenar los agujeros del relato que me fueron quedando entre ajetreo y ajetreo, entre besos y mareos, entre sidra y bacalao… Y no pude resistirme, acabo de darle la sesión de Shiatsu a la sensual Rocío que no paró de hablar NUNCA, Él duerme hace horas en su cama queen size, me excusé con ella y salí rajando para la estación de Renfe. Son las 4:30 de la mañana, me voy a Jeréz, sin haber hablado con la chica que cuida a mi mare que no llamó nunca, sin dar muchas explicaciones a nadie, sin haber resuelto un carajo; y mucho menos también. (Sigue)

Continuará...

domingo, 18 de febrero de 2018

Capítulo 206 "Enredo"

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Subí rápidamente las escaleras, casi me mato porque Ella calza un número más y sus chancletas me bailan y tienen unos piolines que se me enredan por todos lados, chancletas guapas, con glamour de Gitana, no vaya a creer usted. Atendí y le dije que esperara. ¡Que se aguante Ella ahora un poco! Igual dos por tres le preguntaba si seguía ahí, a ver si se le daba por cortar, no soy buena haciéndome la cocorita. Buscaba con desesperación su pieza pero no la pude encontrar, terminé, como siempre, en la terraza loca. Todavía yacían en el suelo las macetas rotas, las plantas se habían adaptado a la nueva estructura y habían sobrevivido. La sombrilla todavía cerrada y tirada en el piso; barro por todos lados. Viajé en el tiempo. Ahí me encajó Ella el primer beso, bajo la lluvia de Ana, me dio el beso cuando le dije que no iba a escribir nada más en mi blog, me lo dio porque no me creyó. No quiere que escriba pero le encanta que lo haga, no quiere que el Loco parrandee pero la seduce que no le obedezca. Gitana Loca. ¡LOCA!

Me paré al lado de la medianera con vistas a La Giralda, ni a Fellini le hubiera salido un plano secuencia tan Fellinesco... Llevaba mi pelo recogido, eso destaca mi nuca, mis pequeñas orejas y mis aros de madera colgantes, la luz me daba desde atrás y La Giralda desenfocada al fondo a la derecha. Hola, le dije contrariada. ¿Dónde ha estao?, respondió la Mina ¿DÓNDE HA ESTAO? ¡Cómo si no hubiera intentado llamarla MILES DE VECES! Me hice la que no me importaba, obvio, le dije que tenía algunos problemas pero no le di detalles. Mientras le hablaba tocaba con mi mano la notita que me me había dejado en el hostal. Vale, respondió y rápidamente me preguntó por Él, que no se podía comunicar y claro, si el otro debe tener el móvil apagao porque tenemos inquilina en la colina. Y Ella seguro me llamaba para ver si estaba con Él… Tapo el auricular y les digo a ustedes ¿Puedo ser yo más infeliz? ¡Que se me pegan los neuróticos siempre a mi! Y usted me responde con voz de suficiencia: Por algo será… Claro, quien me manda a buscar complicidad en usted, vieja envidiosa.


El viento me da en la cara, no hace frío a esta hora en Sevilla, debe haber veinte grados, y aunque usted ya se haya acostumbrado a esto de que andamos como en casa por la colina y con el Loco como culo y calzón yo todavía tengo mis raptos de ¿Qué cuernos hago acá? ¡¡Es Él, Marina, ÉL!! Esto último lo pienso cuando lo tengo adelante, o al costado, o abajo mío... Usted ya no se sorprende, claro, ya lo normalicé, y por esto le sigue funcionando al poder el sistema que le sigue funcionando, porque usted es una caída del catre. Y por eso nos dividimos en dirigentes y dirigidos, prueba de que la desigualdad es innata e irremediable. Me cuenta Ella que está en Jeré, su bello niño compite hoy en un torneo de ajedrez y que si no quiero ir. (Pausa de piernas temblantes). Que si no quiero ir a Jerez, me dice, y a mi se me olvida lo de la chica de mi mare, lo de mi mare, mi bancarrota, el final, mis principios… y se me derrite todo. (Sigue)

Continuará...

sábado, 17 de febrero de 2018

Capítulo 205 "El quid de la desgracia"

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La sensual en El Portil
Y yo absorta porque la chica esta se pasea por la colina como pancha por su casa, cuasi en paños menores, picando pescaíto y boludeando con su iphone último modelo. Y Él de lo más tranquilo le mira las piernas cada tanto y escucha entre risas las anécdotas que nos cuenta cuando se asoma desde la cocina. Una vez sacó a patadas a los inspectores porque querían clausurarle el complejo turístico de Ibiza, le costó 80000 euros el chiste. ¡Ochenta mil! Bueno... a mi el final del blog estaría costándome en breve 50000 pesos y una tonelada de nervios, pero quién me quita lo bailado. Su madre se dedica a negocios inmobiliarios, estuvo en la cárcel por evasión y allí empezó a escribir sus memorias. Conocen al Loco porque él se aloja a veces en sus casas de Marbella.

Así que yo ando absorta, sí, pero no quiero pecar de lo que critico, no quiero opinar al ñudo, como hace usted en la red social, sin tener la certeza primero. En realidad quiero porque opinar al pedo es la tentación de moda y la certeza de poco sirve en esta era posverdadera pero no me lo permito porque por un ratito quiero saber lo que siente alguien con principios, y por ahora sin final... Seguía lamentándome por el asunto de mi mare, esperando la llamada de la loca y encima la Gitana no estaba, Él me escuchaba en silencio y había llegado a decirme que pensara que no era para siempre, y que a veces uno siente que si tuviera tiempo haría esto u aquello pero cuando se lo hace (al tiempo) termina no haciendo nada. Asentí con la cabeza, inconsolable.

Entonces sonó mi móvil, Rocío se asomó pa ver qué era lo que sonaba de pronto tan espantoso, mordía una zanahoria, y vio usted que hay personas que, hagan lo que hagan, irradian sensualidad. Me la quedé mirando unos segundos, luego miré el display pero no era la psicópata evangelista, era mi Gitana y el corazón empezó a latirme feo, me sobrevino un odio atroz, una bronca espasmódica, otra vez el mundo desaparecía porque aparecía Ella cuando se le daba la gana y dirá usted que para qué la vine a buscar si no la puedo ni ver, hete acá el quid de la desgracia, el viento de la cuestión… El Loco me miraba inquisitivo, negué con la cabeza, que no era la mujer que cuida a mi mare, le di a entender. Dudé un segundo o quizá tres. Me levanté y salí, como supo hacer Él el día del arbolito de diarios(Sigue)

Continuará...

viernes, 16 de febrero de 2018

Capítulo 204 "Embrollo digno"

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Espero. Con las indicaciones exactas que me acaba de dar el abogado, con el guión practicado y los nervios de punta, que la chica que cuida a mi mare me llame por whatsapp para ver cómo arreglamos el entuerto. Jesús trabaja concentrado en su proyecto, desde que llegué lo veo ensimismado con ese asunto. Rocío, la nombro como si ya fuera de la familia, está cocinando tortilla de papas en la enorme cocina, vestida con sus encajes y en patas. Vivió ocho años en Nueva York, es escenógrafa y bioquímica, trabajó para un laboratorio y entonces anduvo un poco allá y otro poco acullá. Habla porteño genialmente, me dice che vos a propósito. Su casa quedaba en una de las avenidas mas cool de la gran manzana, a pocas cuadras de lo de Woody Allen. Una vez se lo cruzó, Woody iba con su trompetita (que es un clarinete, le dije pero le importó un carajo) camino a dar su concierto de los lunes a The Carlyle, el tío camina las seis cuadras entre su casa y el hotel, me contaba asombrada, me mostró la foto que tiene en el móvil, y ella lo vio y se fue atrás de él y pudo ver el concierto medio de afuera porque no hay entradas hasta el año 2026 más o menos.
Todo esto pasó anteayer pero lo escribo en presente porque se me da la gana. La mina estuvo en Manhattan con Woody Allen y ahora está haciendo tortilla de papa en patas, con el vestido de encaje que se le llena de olor a frito; me cae bien. El presente presente es que mi mare ha ido a parar a una residencia ayer mismo hasta que yo vuelva porque la esposa de mi padre me dijo que no podía dejarla con una nueva chica sin conocerla y mi amiga ya empieza a trabajar etc. Así que ayer me la pasé hablando con ella, con mi madre, que se siente rara porque vivió setenta y ocho años en su casa y ahora, de pronto, está en otro lugar, con otra gente, y yo estoy lejos... Es cerca de la casa pero es un lugar extraño. Y es horrible darse cuenta de que el pasado va quedando cada vez más lejos, se va muriendo todo allá atrás. Me la pasé hablando con ella y llorando sola en la terraza de la colina y hablando con el abogado del Loco y luego con el abogado de mi padre y con mis tías, un digno despelote de final de obra porque ahora sí que la cosa no da para más… Hay asuntos que no puedo resolver desde acá, lo escribo con la garganta hecha un nudo marinero:
Rocío producciones
La psicópata evangelista la dejó unos días sin su medicación psiquiátrica y mi madre se descompensó, la chica estaba muy ansiosa por tomarse sus vacaciones. Hubo que llamar al Same, parece que esas faltas de memoria que tenía eran por la medicación mal administrada así que hubo también que pagarle a un psiquiatra privado y también dijo el médico que estaba mal alimentada. Empecé a dar Shiatsu para paliar los gastos pero la situación me pide a gritos el regreso. Rocío será mi segunda paciente, en un rato, argentina, me dijo recién mientras nos ponía delante una picada con todos los chiches. Y por un lado tengo que agradecerle que me dio la vida, sí, y le estoy muy agradecida, pero ahora me la está quitando, me tengo que volver para cuidar de ella y no quiero, me voy a morir allá… le digo al Loco con el corazón en la mano. Él me mira y hace silencio. Me suena el teléfono, pego un salto de los nervios porque para asegurarme de escucharlo le puse la música de Crónica TV, miro el display: es Ella, es mi Gitana. (Sigue)

Continuará...


martes, 13 de febrero de 2018

Capítulo 203 "Naranja mecánica"

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El presente no existe, señora, la naranja o está en la rama o está en el suelo así que nos vamos de nuevo para atrás, a El portil, a la noche de reyes, los sucederes me llevan allá por lo de esta chica osada de los encajes, Rocío. Me había despertado muerta de frío a la madrugada y ahí estaba la Gitana dormida a mi lado, hecha una bolita, había vuelto. Nunca me respondió cuando le pregunté qué hacía en mi cama y no en la de su señor marido, se hacía la tonta, la como quien no quiere la cosa. Yo la odiaba porque se había ido tantos días y ni me había llamado pero Ella estaba triste y hermosa con su vestidito negro y sin decirme mucho me arrastró hasta la ducha con desesperación. Se desvistió, me desvistió y me puso el jabón en la mano para que repitiese aquel ritual por su espalda, el ritual de la borrasca. La vi llorando por Él pero no quise suponer nada porque no sabía... Sí sabía que no lloraba por mi y eso me partía el alma. Descubrí esa noche que se puede gozar y sufrir al mismo tiempo, llorar de gusto y de tristeza con las mismas lágrimas. 

Los periodistas, ya lo dije veinte veces, se habían ido a dormir, quedaban alrededor de diez o quince pero comían, tomaban y jodían como un centenar de calabreses malcasados. Y Ella me había vuelto a enloquecer, me bañó entera aunque yo ya me había bañado porque estaba de mugre hasta la coronilla y no puede ser, me había dicho, no puede ser que me deprima y ni me bañe y tenga los pelos hechos un nido de caranchos por una chica que acabo de conocer, no podía ser porque a mi no me gustan las chicas… Pero no podía dejar de mirarla. Cuando pasaba su mano enjabonada por mis terrones de azúcar los ojos se le ponían intensos y no encontré palabra para describir lo que sentía yo, me enjuagó, toda abocada a la tarea, como si me quisiera mucho. La abracé cuando vi que lloraba, intentaba disimular pero no le salía, le besé despacito la boca porque verla triste me mata, le pasé el jabón por la espalda y ahí fue que soltó su quejido de gozo, me lo hizo al oído, para compartirme lo que le estaba pasando, lo que le estaba haciendo pasar. Era nuestro segundo encuentro, ya éramos imperfectas desconocidas.
 
Nos fuimos de nuevo a la cama, caminamos hasta la pieza desnudas como si estuviéramos solas, y ahí fue que me nombró, y ahí se me empezó a poner espesa la cosa porque me nombró a mi, quiere decir que estaba en la cama conmigo y no pensando en Él, ¿me comprende? Me nombró cuando bajé con mi mano hasta su cajita de pandora y disculpe el término medio idiota pero probé varios y todos suenan espantosos… Si alguien tiene una metáfora para esa fémina parte le ruego me la deje en los comentarios porque la voy a necesitar. Lo hermoso fue verle los ojos que se le perdían, verla escondiendo su cara entre mi pelo mojado y me gustas, guapa, que me gustas... Eso me dijo y esta vez no estábamos drogadas, me miró unos segundos largos y me nombró, Porteña... Me nombró una sola vez con la voz fragmentada mientras reaccionaba con el cuerpo a cada caricia que yo le hacía, primero con pudor, luego ya no... (Sigue)


Continuará...